dilluns, de febrer 09, 2009

Sara, la princesa valiente

Per les meves “floretes”, Mercè i Regina, perque la seva curiositat i imaginació són sempre font d’inspiració. I per l'Eloi, que serà un bon mestre.

Había una vez en un reino muy, muy lejano, una princesa lista, bonita, bondadosa y valiente llamada Sara. Sus padres la adoraban y los habitantes de su reino la querían.
Una tarde viendo como su mascota, un águila imperial llamada Guid, volaba a una gran altura, Sara le dijo a su padre:

- Padre, ¿no sería bonito ver todo lo que puede ver Guid con su vista de pájaro?
- Sí, hija, sería un regalo para los sentidos. - Contestó pensativo el rey.
- Entonces lo haré y cuando vuelva te explicaré todo lo que visto y aprendido.

Y dicho y hecho, la princesa ensilló a su caballo Celeste y llamó a su fiel Guid para que la guiara y acompañara. Se despidió de sus padres, que aunque estaban un tanto asustados por la decisión de su hija, se enorgullecían de su valentía y resolución.
Sara viajo durante días aprendiendo como funcionaban las leyes de la naturaleza y comprendiendo que hasta el más pequeño de los seres tenía un papel destacado en el mundo.
Y así, una mañana llegó hasta un reino dónde todo estaba en silencio. No vio a nadie por las calles. Entró en el palacio y no vio a nadie, tan sólo a una gata blanca que ronroneaba a sus pies. Llegó hasta un jardín y tampoco vio a nadie, tan sólo a una rana que croaba solitaria en un estanque. Se dirigió a los establos y no vio a nadie, tan sólo a un corcel comiendo paja. Llamó a Guid pero él tampoco había visto a nadie.
De repente la gata saltó a sus brazos y le susurró:

- ¿Eres una princesa?
- Sí, bonita, ¿y tu quién eres? – le contestó Sara.
- Soy la Reina Blanca. La Bruja de la Torre Negra convirtió a mi rey en una asquerosa rana y a mi hermoso príncipe en un caballo. Y por si no eso no fuera poco, hizo desaparecer a todos los aldeanos de nuestro reino. – Le explicó indignada la altiva gata-reina.
- ¡Oh!, esa malvada bruja. ¡Alguien tendría que darle un escarmiento! - exclamó Sara, pues aunque no le había sido del todo simpática aquella reina, no podía permitir las injusticias.
- Tú podrías ayudarnos... - le ronroneó al oído la gata.
- ¿Como? – preguntó Sara.
- En el bosque hay una bruja, la bruja Banshee. Todos los aldeanos dicen que ayuda a la gente y sobretodo si se trata de anular un encantamiento de la Bruja de la Torre Negra. - Le explicó la gata-reina, y entonces se quejó - El rey y yo tenemos las patitas muy pequeñas y tardaríamos mucho en encontrar su casa, y nuestro hijo, bueno, a él le da miedo el bosque.
La princesa Sara, resuelta, le contestó:

- Yo os ayudaré. Le diré a Guid que sobrevuele el bosque hasta dar con la casa de la bruja Banshee.

Guid alzó el vuelo y buscó y buscó hasta que vio un hilillo de humo verde entre los árboles, ésa tenía que ser la casa de la buena bruja Banshee. La princesa Sara siguió el rastro hasta que encontró la casa, y sin perder tiempo le contó todo lo que sabía. Ésta la miró durante un rato y le dijo:

- Veo que eres sincera y valerosa. Te daré la solución al maleficio. Cuando estés delante de la bruja sopla en esta hoja de roble.
- ¿Eso es todo?
- Sabrás lo que tienes que hacer, ¡confía en tu intuición!

Guid volvió a buscar en el horizonte hasta que encontró la Torre Negra. La Bruja, estaba tan segura de que nadie podría vencerla, que no tuvo ningún problema en dejar pasar a la joven princesa cuando ésta llamó a su puerta. Aún podré sacar algún provecho de ella, pensó la bruja.
Aquella bruja nunca se preocupaba por nada, tan sólo se quedaba en lo alto de su torre enviado maleficios allá dónde le alcanzaba la vista.

- Tú no puedes hacer nada contra mi, ¡mocosa!

Sara sacó de su bolsillo la hoja de roble, pensó en todas las cosas que había aprendido en su viaje y se le ocurrió una gran idea. Sopló sobre la hoja y dijo:

- Conviértete en gusano, ¡bruja malvada!

La bruja desapareció y de entre su ropa salió un pequeño gusano negro, que se reía, pensando en lo fácil que sería escaparse y deshacer el maleficio de aquella mocosa. Pero entonces la princesa Sara gritó:

- ¡Guid, ven, ahora!

El águila entró volando por la ventana y se comió a aquel pequeño gusano. La bruja había muerto y el maleficio del reino deshabitado había sido anulado.
Sara volvió al reino y pudo ver las calles llenas de gente feliz que la felicitaban al pasar. Entonces aparecieron los reyes y el hermoso príncipe. El Rey habló:

- Muchas gracias, princesa Sara, has devuelto la vida a nuestro reino. Y como agradecimiento te ofrecemos en honor de formar parte de nuestro reino casándote con el príncipe.

La princesa Sara los miró uno por uno, y pensó que aún no estaba preparada para abandonar su sueño. Respiró hondo y dijo:

- Se lo agradezco, pero no. Aún tengo mucho mundo por recorrer y muchas cosas que aprender.
Y así la princesa Sara, montada en su caballo Celeste y bajo la atenta mirada de su guía Guid, continuó su viaje sin olvidar la promesa que un día le hizo a su padre; algún día volvería y le contaría las maravillas que el mundo puede ofrecer.

1 comentari:

S. ha dit...

Ai... Me ha gustado. Yo quiero mucho a mi padre y realmente me gustaría mucho vivir a tope para poder contarle historias cuando sea viejo igual que él hacía conmigo cuando era niña...